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EL FINANCIERO

CULTURA DEL INTERIOR

MÉXICO, D.F. MIÉRCOLES 5 DE OCTUBRE DE 1994

* Instalación Inspirada en el Relato de Ficción La Moira, fue Efímera y Valiosa Experiencia

*Amplio panorama del Arte Plástico Mundial

Hacia diez años que un hombre se había ahorcado en la Moira, mansión construida en las afueras del poblado de Carey por el viejo Victor Moira, quien el día que la inauguró "bebió demasiado y cuando se acerco a la playa para brindar con el mar, uno ola lo arrebató y lo lanzó contra las rocas. Ahí se ahogó. Al día siguiente encontraron fragmentos de su cara incrustados en la roca, pero su cuerpo había desaparecido". Así inicia Erick Merino el relato que inspiró Comicasa "La Moira", espacio en el que más de sesenta creadores entre dibujantes historietistas, fotógrafos, escultores, pintores, diseñadores gráficos y videoastas recrearon la ficción de Merino a partir de uno de los personajes: Marco.

La comicasa "La Moira" sólo pudo apreciarse durante veinticuatro horas al negar carta de autorización por nueve días. La Junta de Vecinos de la Colonia de San Miguel Chapultepec donde se ubicó la instalación que rompía con las limitantes de tiempo y espacio que existen en los formatos impresos de la historieta; y en la que se había previsto que, tridimensionalmente el visitante se integrara al proyecto original de Erick Fritsche y Héctor Hernández.

Pero ¿quién es Marco? Este nace en Carey con una pequeña marca en la cara que crece conforme pasa el tiempo. Fue de La Moira, entonces resguardo de vagabundos, de donde un enfermo mental llega a la casa donde Marco vivía con sus padres, quienes son asesinados por el loco. Al encontrarlos muertos, el niño enmudece. Huérfano y temido por la marca en su rostro, es desafiado a que vaya a penetrar en La Moira, donde se dice vive un leproso. Sus "hermanos" del orfanatorio lo acompañan hasta la playa mientras él se interna en la casona que imponente lo inhibía y al no querer "perder la reputación que tenía de valeroso, abrió la reja de madera. Cuando Marco trató de dar el primer paso, un gato pareció salir de la nada y se paseó entre sus pies. Sintió que su espina dorsal se helaba. Poco después comenzó a caminar, pero como si tuviera plomo en los zapatos y su avance parecía perpetuo y sin meta final.

Por fin llegó a la puerta, - refiere Merino-Estaba cerrada. ¿Y si al abrirla le salía el leproso? Con el peso de su cuerpo sobre la madera podrida del piso, la puerta se abrió sola. Frente a él había una escalera de madera, con una alfombra derruida y agusanada. En el descanso de la escalera estaba el retrato de un hombre ricamente vestido, probablemente Víctor Moira. Cuando se dio cuenta, ya había subido el primer escalón. Parecía que los ojos del retrato lo llamaban, que le decían que entrara... le daban una macabra bienvenida.

"Subió las escaleras. Bajo el retrato se encontraba una mesita, y sobre ella, una llave antigua. Tomó la llave, se la guardó en el bolsillo y siguió subiendo la escalera. Hasta arriba, vio una puerta abierta, la de un cuarto pintado de verde olivo o... ¿era lama?

Sí ahí fue donde se ahorcó el vagabundo hacia tiempo. La curiosidad mató al gato, dice el dicho, así que subió, entro y vio colgada de una vigueta una cuerda tensa, la cual se suspendía un ahorcado, un péndulo. Estaba morado y goteaba. Marco gritó, recuperando el habla. Lo primero que dijo -¿Pero qué hace usted aquí? - preguntó Marco con una voz que no era la suya - ¿no se lo habían llevado? - El ahorcado abrió los ojos miro a Marco.

"Lo último que él recordaba cuando se dio cuenta donde estaba, eran las risas de sus amigos al verlo salir de La Moira, pálido como el marfil. Estaba sudando y había corrido todo el camino hacia el orfanatorio. Cuando llegaron los demás le preguntaron qué había visto. El honestamente les contó. Ellos inmediatamente lo convirtieron en el hazmerreír del pueblo, pero nadie podía desmentirlo en su cara, por que sus ojos decían la verdad y les deba miedo. Jamás ninguno de ellos volvió a retar a nadie a entrar en la Moira.

Al llegar a la edad en que tenia que dejar el orfanatorio, Marco decidió dejar atrás Carey, viajar por el mundo y averiguar su destino. En sus ires y venires una hechicera le vaticinó el día de su muerte, lo cual se convirtió en su peor tortura. Al acercarse la fatídica fecha, decide retornar a Carey. Pregunta por sus "amigos" pero ninguno de ellos parecía vivir en el cambiado pueblo y si el orfanatorio había aumentado su población. La Moira aun seguía en pie.

Al no tener lugar donde dormir, decidió hacerlo en la casona al igual que aquellos vagabundos que antes había repudiado,".. como si hubiera andado ese camino por años, la observó y se dio cuenta de que era más pequeña y esto el trivializó su miedo. Abrió la puerta de la bardita medio derrumbada y caminó por el sendero de piedra que había recorrido hacia años. La puerta se abrió sola otra vez, lo estaba esperando. Subió la escalera y se detuvo a ver el retrato de Víctor Casi toda la pintura se había botado por la humedad. Pero sus ojos parecían intactos. Subió la última sección de la escalera y se acercó a la puerta, movió la perilla, esperando ver lo peor. ¿Vería su pesadilla volverse realidad? La puerta estaba cerrada con llave. Volvió a bajar la escalera hasta donde estaba el retrato de Víctor y se sentó en el primer escalón. Se puso a reflexionar. ¿Para qué había vivido? No había hecho nada en su vida que dejara huella de su existencia. ¿En verdad tenía él un destino? ¿Había nacido sólo para morir? ¿Y después, qué? ¿morir para volver a vivir? ¡qué paradoja!

"¿Pero en verdad iba a morir hoy? ¿Y si la vieja bruja se había equivocado? ¿Y si no? ¿cómo iba a morir ?
No había nada en La Moira, ni en Carey, que lo amenazara de muerte. El tiempo trascurrido y él no moría. Comenzó a gritar. ¿cómo me voy a morir? Fue entonces cuando vio un objeto reluciente debajo de la mesita, abajo del retrato. Se acercó y vio una botella de vino cubierta de polvo. El corcho ya medio podrido se hundió cuando lo presionó. Vio dentro de ella. Su vida se encontraba dentro, ahogada, y entonces comenzó a beber. ¿Era su destino beber hasta embriagarse y después - como Víctor Moira -ahogarse en el mar?

Bebió y bebió hasta agotar la botella. El alcohol lo empezó a aturdir y comenzó a mecerse, cruzado de piernas. Metió sus manos en los bolsillos y fue cuando sintió la llave que había robado en la Moira hacía ya tiempo. Se acordó de la bruja; era su destino. Subió las escaleras y la introdujo en la cerradura. Entró con facilidad a pesar de los años transcurridos. La giró, primero a la izquierda y después a la derecha. El mecanismo rechinó y dio vuelta. El se congeló en seco.

No quería abrir la puerta. Sacó la llave, regreso a la mesita y dejó la llave encima de ésta abajo del retrato. Subió las escaleras corriendo, abriendo abrió la puerta - que - giró hacia adentro mostrando sus entrañas verdosas. No había nada. ni el ahorcado, ni el mismo. Sólo una silla y una cuerda anudada en forma de óvalo, amarrada a una de las viguetas. Se subió a la silla e introdujo su cabeza en el óvalo formado por cuenta, no era para él. Marco sólo quería ver qué se sentía estar en el lugar de sus sueños. Volteó para ver por la ventana y se vio a sí mismo cuando niño, afuera de la barbita. Volteó a la puerta y vio a Víctor. Resbaló de la silla y después de batallar por el asfixio, quedó colgando de la cuerda como marioneta.

"Un niño mudo abrió la puerta de la bardita, pero al tratar de dar el primer paso, un gato se le enredo entre los pies y casi lo hace caer. Caminó hacia la casa con pies de plomo el camino le parecía infinito. Cuando se paró frente a la puerta principal, esta se abrió. Lo estaban esperando.

 

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